miércoles, 15 de mayo de 2013
Alegría.
Y dale alegría a mi corazón,
es lo único que te pido, al menos hoy.
Martes, 30 de octubre de dos mil trece . 1:05 horas.
Las calles están templadas en la ciudad, en aquel mediodía en el cual por fin apareció el sol, luego de tantas tormentas. Es la hora exacta en el cual los trabajadores tienen su tiempo libre para almorzar solos o acompañados; la hora en la cual los jóvenes se retiran de sus establecimientos estudiantiles para partir directo a sus casas donde los esperan el almuerzo de mamá, o de la mucama o niñera –y si tiene mucha mala suerte, está obligado a prepararlo uno. Es la hora en la cual los restaurantes y bares se llenan de comensales y en la que los adolescentes colman las plazas para comer los sandwichitos que compraron en la panadería de a cuadras, junto a un jugo en cajita. La hora en que las combis anaranjadas devuelven a los pequeños con sus delantales blancos y en que el embotellamiento es menor. También es la hora de jugar.
-¡Hola, manola! –un voz chillona obliga a sonreír a los chiquitos. Es que esos payasos, disfrazados con telas de distintos colores, pelucas despeinadas o enruladas y narices rojas, divierten a cualquiera- ¿Llegamos bien? ¿Estamos puntuales? ¿Qué hora es, amiga, payasa Zairitis?
-Es la hora… -y Zairitis se fija en su muñeca que carece de reloj alguno- es la hora de reírse
-¿Ya es la hora de reírse? ¡Pero que rápido pasa el tiempo! –se queja el payaso, sentado de piernas cruzadas en la punta de una camilla, mostrando sus pantalones violetas a rayas blancas que le quedan cortos.
-¿Y cómo nos reímos, amiga, payasa Pocha? –el de la peluca naranja con rulos, rodea la espalda de Pocha quien inspecciona a cada chiquito que la observa entretenido.
-Y, no sé, amigo, payaso Tintin… ¿Ustedes saben reírse? –pregunta a la multitud. Algunos asienten con las cabezas, otros con un sí inaudible- ¿Vos cómo te reís? A ver, reíte –y se sienta al costado de una nena de ojos marrones profundos y pestañas kilométricas. Pocha se cruza de brazos y la mira con expectativas (y con esperanza). La pequeña simula una risa- ¿Eso es una risa? –la señala con los diez dedos de la mano- ¿Cómo se llama usted, pequeñita?
-Lucía… -dice con un hilo de voz.
-¿Y cuántos años tenes, Lucía?
-Ocho –y la persona que se esconde detrás de Pocha y de toda esa pintura y telas multicolores, quiere soltar varias lágrimas.
-Lucía de ocho años ¿quiere que le enseñemos a reír? –y Lucía asiente con timidez, pero con una sonrisa de esas chiquitas.
Yo también quiero –levanta la mano un nene, cubriéndose las piernas con la sábana blanca que ofrece su camilla.
-Bueno, vamos todos a reírnos. A ver… amigo, payaso Zairitis ¿cómo se ríe, usted? –y el payaso Nan, con su camisa verde y los tiradores rojos, actúa una carcajada descomunal que divierte a varios.
-¡Eso no es una risa! –payasa Zairitis lo empuja levemente desde los hombros, sacándole del medio de la pista, logrando que Nan de un par de vueltas en un mismo eje y caiga sentado sobre una silla plástica que estaba vacía- una risa es esto… -y Zairitis se tira hacia delante, agarrándose la panza y riendo con mucha exageración.
-¡Cualquieeeeeeeeeeeera! –el payaso Tintin hace montoncito con una mano y muerde su labio. Lleva los cachetes pintados de colorado y alrededor de los ojos con un poco de azul oscuro- hay que reírse así… -y él (porque detrás de Tintin se esconde un gran actor, amigo y persona) ríe torpemente, palmeando sus piernas y logrando contagiar a algún otro payaso. También se da el lujo de tirarse al piso y dar millones de vueltas en el mismo eje, tomando envión con ayuda de sus zapatos negros, largos y anchos (tal cual un payaso).Pocha sonríe divertida hasta cuando ve como un grupo de médicos jóvenes pasa por al lado de la sala y sonríen al observar el acting a través del vidrio cristalizado. Lucía, también rió.
-Mi vieja me dijo que me iba a traer más telas de la fábrica. ¿Queres que te preste alguna o encargarle algo? –Zaira, o Zairitis, está sacándose los zapatos para cambiarlo por las zapatillas.
-Ay, sí, por favor. Decile que me traiga un tul como el de la otra vez, pero amarillo… sino, verde –responde Paula, o Pochi, o Pocha, mientras va quitándose el maquillaje con un pedazo de algodón húmedo- tengo que ir a comprar los cordones de colores que no puedo conseguirlos por ningún lado
-Después te paso una dirección… -es que así de serviciales y buenas amigas son.
-¡Me voy, bonitas! – Tito, o Tintin ya tiene su mochila colgada al hombro y se inclina hacia ellas para besarles las mejillas.
-Nos vemos, Tito
-Pórtate bien, eh – Pau siempre lo cuida.
-Yo soy un santo. Ojo vos con los médicos de acá que te andan mirando mucho –y es imposible no reír de y con él.
-¿Me bancas? –le pregunta a Zaira en susurro y ella asiente. Se levanta de la silla y sale a caminar por el pasillo de internación pediátrica. Saluda a dos enfermeras conocidas y también besa el cachete de un varoncito que pasó corriendo y que hoy le daban el alta- Hola… -dice sin vergüenza, apoyándose contra el marco de la entrada del cubículo en el cual están los médicos.
-Hola –él le devuelve la sonrisa cuando la encuentra, al levantar la cabeza- ¿Cómo estás?
-Bien –pero ninguno se mueve de sus puestos- viniste a vernos, hoy
-En realidad porque escuché mucha risa y quería saber que estaba pasando –y Pau ríe apenas, bajando la cabeza pero volviéndola a subir al segundo para querer perderse en sus ojos.
-Nos divertíamos un rato… me dijo Lautarito que hoy le dan el alta, y mañana se la dan a Gusti ¿no?
-Sí, por suerte ya pueden volver a sus casas –y suspira como el doctor aliviado que es hace un par de años- ¿Qué pasa?
-Te queda lindo el ambo blanco –ella es sincera y él ríe de eso- ¿Hoy tenes guardia? –asiente, apoyándose contra la mesada- lástima…
-¿Por qué? –pero ella sólo eleva un hombro.
-¡Pau, gorda, dale! Me tengo que ir –interrumpe el momento Zaira, llamándola desde la otra punta del pasillo. Sabe que no tiene que adentrarse en la escena.
-Bueno… nos vemos –lo saluda desde la lejanía, sin siquiera acercarse a dejar un beso en la comisura de sus labios.
-Pau… -la llama antes que desaparezca de su vista- ¿Mañana a las ocho te parece bien en tu casa? –y Paula sonríe mostrando todos sus dientes. Asiente y sale.
-Cómo te tiene el doctorcito, eh… -dice en voz baja Zaira, enganchándose de su brazo y haciéndola reír.
Miércoles, 31 de octubre de dos mil trece. 17:15 horas.
Es la hora de la merienda y todos aquellos niños que pueden deambular, bajan de sus camillas para ir a merendar a la mesa larga donde sus amigos payasos los esperan, al final del pasillo (sin la necesidad de salir de allí ya que no tienen la orden de los médicos), para tomar la leche tibia o el té poco dulce. Los más grandes les untan las galletitas sin sal con mermelada de durazno mientras que otros van sirviendo en los vasos plásticos.
-¡Hey! Princesa –Paula, disfrazada de Pocha, se acuclilla en mitad del pasillo de internación pediátrica cuando se reencuentra con Lucía un poco desorbitada y sudada- ¿Qué pasa, Lu? –se acuclilla a su altura.
-Me duele acá… -señala el centro de su pecho y comienza a agitarse.
-Quedate… quedate tranquila, Lu. Respira conmigo –la abraza completamente, pegándola a su pecho- ¡Un médico! –eleva el tono de voz y él aparece luego de segundos.
-¿Qué pasó? –levanta a la chiquita en brazos y la lleva hasta su camilla.
-Se quedó sin aire, no sé… -Paula los sigue detrás, con sus zapatillas blancas, medias negras y verdes, pollera fucsia, la remera celeste, un moño grande y con lunares rojo, igual que la nariz de payaso- ¿Está bien?
-Lucía es asmática, Pau –él le pasa el parte mientras le ofrece aire a sus pequeños pulmones con ayuda del broncodilatador. Lucía ya está recostada en la camilla y se la ve y escucha respirar con más normalidad.
-¿Y entonces?
-El problema es que uno de sus pulmones está fallándole y que sea asmática complica más las cosas. Por eso está internada acá… -con una seña de manos llama a un enfermero para que quede al cuidado de Lucía.
-Es muy chiquita –y la mira mientras el enfermero le conecta el suero en la muñeca- cuánto coraje que tenes que tener ¿no? –pregunta cuando salen de allí.
-Tenes que amar la profesión. Bah, como todas… -y ella le da la razón- te prometo que Lu y todos los demás van a estar bien, no te preocupes –mete las manos en los bolsillos de su ambo y ella asiente. Sabe que él cumple.
-Hoy venís ¿no?
-Llevo el postre –le guiña un ojo antes de desaparecer detrás de otra puerta. Ella ríe divertida y sigue su caminar, a pasos largos, hasta donde están los demás.
Miércoles, 31 de octubre de dos mil trece. 19:48 horas.
Paula se levanta del sillón apenas visualiza la hora en el reloj de pared que tiene en mitad del living. Agarra la compotera vacía –en la cual antes había una refrescante ensalada de fruta- y va a la cocina para lavar y dejarla impecable. El diario que está encima del desayunador lo tira al tacho de basura y apaga la computadora –porque no la necesitará. Chequea que todo esté limpio y en orden –como el noventa y nueve por ciento de las veces- y pone un poco de música para que el clima sea más placentero. Tarde se percata del tul verde que su mejor amiga le alcanzó horas atrás para que se haga una pollera divertida, sobre el respaldo del sillón. Y también de la nariz roja de payaso que se le cayó al suelo y aplastó con sus borcegos. Así es la vida del payamédico: alocada, divertida, multicolor, lleno de carcajadas a contagiar y solidarizando la alegría.
-¿Quién es? –pregunta a las 20:00 horas en punto, cuando suena el timbre.
-Yo –y ríe con alegría. Descuelga las llaves del llavero y abre la puerta para encontrárselo de punta en blanco y a horario. Porque él es así de estricto (cuando tiene ganas).
-Buenas noches –sonríe y se acerca un poco mas para querer saludarlo.
-Hola –pero él siempre será mucho más rápido y por eso envuelve su cintura e impacta sus labios con los suyos, ocasionándole la risa.
-¡Dale, Peter! No vale, la arruinaste –pero no se enoja cuando él ya entró a la casa y ella cierra la puerta.
-Bueno, perdón, pero estaba muy tentado –y se sienta en la banqueta, apoyando los brazos sobre el desayunador- te extrañaba, payasa
-Y yo a usted, doc –y él ríe porque ama que lo denomine de tal manera- Hey para, no trajiste nada –tarde se percata de que no llegó con ninguna bolsa- ¿Dónde está el postre que prometiste?
-Lo tenes enfrente de tus ojos –y contornea su mismo cuerpo con ambas manos para que ella ría exagerada, tirando la cabeza hacia atrás.
-Sos un tarado… -lo acusa, mordiéndose el labio.
-Hey, estoy muy estresado. Trabajé mucho ésta semana, me merezco un poco de mimo ¿o no? –se excusa.
-Vení –le extiende el brazo para que él agarre su mano y se levante, acercándose de a poco a su pequeño cuerpo de mujer- con una condición… -le envuelve el cuello con ambos brazos.
-Me olvidé el ambo y ya implementamos ese juego la semana pasada –y ella vuelve a reír. Porque todo en la vida de Paula se basa en las risas (aparte de que él sea uno de que las logra con más facilidad).
-Otra cosa
-¿Qué?
-Que después cocinas vos
-¡Nah! ¡Trampa! –Pepe también es buen actor y ella vuelve a reír de alegría cuando se trepa a su cuerpo para besarlo con pasión y amor (y alegría, también).
Y dale alegría a mi corazón,
y que se enciendan las luces de éste amor.
...
¿Que tul?
Espero que les haya gustado. Dejen su comentarios!
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me encanto!!! un corto diferente pero hermoso!!!
ResponderEliminar#LoveIt.
ResponderEliminarAyyyyy me encanto!!! que lindo, me encanta como escribís, la verdad genial el corto(;
ResponderEliminarahora en un rato me pongo al día con las noves y te comento también por allí, besos!!
Gracias Lu! Un beso
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